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Las Artes Marciales y las Emociones

Toda actividad física ofrece efectos positivos a quién la practica. Pero... ¿Sabías que las artes marciales pueden tener un fuerte impacto en la salud mental? La explicación está en lo que hay detrás de dichas disciplinas.

La actitud a la que nos lleva la práctica del Ketsugo es sanadora en sí misma. El estado de no-mente que promueve no deja espacio para el deseo ni el miedo de perder o de ganar, en contraposición a la mirada meramente competitiva. Por supuesto que el aspecto deportivo puede formar parte de la práctica en este tipo de disciplinas – y en el Karate Ketsugo lo es - pero eso sólo será un aspecto, de todo aquello que nos ofrecen.

Lo que se busca es la “superación de uno mismo” sin necesidad de compararse con otra persona. Se trata de una búsqueda interior, mediante el desarrollo de habilidades y la superación de los propios límites.

Y en este proceso, los beneficios son muchos. Al respecto, la práctica constante nos permite canalizar mejor ciertas emociones, que a veces, puede costarnos explicitar, como por ejemplo el enojo o la ira, que claramente son nocivas si no fluyen y salen de un modo adecuado y oportuno. La conciencia o la conexión con el cuerpo es una vía directa al aquí y ahora, y desde este punto de vista, toda disciplina marcial es una meditación activa que, según la intensidad, tendrá un efecto u otro en nuestro estado anímico y en nuestra forma de gestionar esas emociones.

Se trata de unir cuerpo y mente en cada ejecución técnica, y ello implica estar presente en el “aquí y ahora”, y ese es el comienzo para el descubrimiento de uno mismo. Se abre un instante de vacío, libre de juicios y discursos mentales.

Esta práctica constante, nos permite descubrir la naturaleza de nuestras emociones, percibir nuestros miedos, frustraciones, enojos… Podemos descubrir esos movimientos emocionales que existen en nuestro interior y vivirlos en su justa medida, evitando que nos controlen impulsivamente.

Cuando se entrena, uno puede simular situaciones de lucha con uno o varios oponentes para poder sobrevivir, y en esos momentos, se tiene la oportunidad de aprender a sentir y actuar; que no es lo mismo que una reacción impulsiva, como la que solemos estar habituados.

Sin duda, este tipo de práctica mejora particularmente nuestra autoestima y confianza, y ello nos permite ser menos permeables a las influencias externas, tal como provocaciones, agresiones, y manipulaciones.

El miedo suele paralizarnos, o por el contrario, puede hacernos reaccionar de un modo absolutamente incontrolable e imprevisible. El entrenamiento nos permite percibirlo, sentirlo, conocer su origen, discernir si es real o no. En ese “sentir” permitimos que exista una transformación, quedando los miedos positivos, que son aquellos que nos protegen y sirven a nuestra propia sobrevivencia, en tanto alertan del peligro.

Se trata de que los miedos nos ayuden en nuestra propia vida, en la medida que sean los miedos propios que emergen de un instinto de sobrevivencia, y no los miedos que emergen del movimiento incontrolable de la mente y las emociones. De este modo, comenzamos a disciplinar la mente, y a utilizar a esta como la herramienta extraordinaria que es, y no a ser dominados por la misma.

Desde la Asociación Civil Escuelas Ketsugo y Disciplinas Afines, invitamos a emprender este camino, con las ganas y motivación que merece cada día.

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